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Inteligencia artificial: hechos, ficción y futuro

La IA cada vez se representa más como el producto mágico que ofrece al instante resultados rápidos y precisos. Más allá de este bombo publicitario, existen posibilidades reales para los servicios legales, pero ¿qué es lo que necesitan saber los equipos internos y sus clientes para convertir la inteligencia artificial en una realidad?   

 El bombo publicitario que rodea a la inteligencia artificial (IA) está totalmente justificado, pero hasta el momento pocas empresas han sabido captar todo su potencial. Muchos consideran la IA como una simple cura a la ineficiencia y un catalizador para una mayor sofisticación operativa, mientras que otros tienden a descartar todo esto. 

La realidad es que la intuición, el conocimiento y la habilidad técnica humana deben trabajar conjuntamente con la IA para garantizar su correcta implantación. La tecnología de la IA necesita adaptarse para responder a necesidades legales o empresariales específicas. El hecho de comprar un vehículo autónomo no garantiza que esté listo para la conducción. 


Las empresas, también a un nivel ejecutivo, deben entender lo que puede hacer la IA y lo que necesitan para hacer que funcione.  Para que su adopción sea significativa, toda la empresa debe conocer la IA y sus efectos en el rendimiento empresarial. 

permite a los abogados percibir el trabajo como un proceso y no como una obra artística, ya que deja de ser algo que necesita ser continuamente creado desde cero. Ahí reside el verdadero cambio.

Innovación mediante IA

En un informe de McKinsey & Company titulado "Inteligencia artificial: ¿la siguiente frontera digital?", se puede concluir que "los pioneros en IA que combinen buenas competencias digitales con estrategias proactivas tienen márgenes de beneficios más altos y se espera que su rendimiento en comparación con otras empresas sea cada vez mayor en los próximos tres años".

En el sector legal, los equipos internos y privados pueden aprovechar la IA para responder a una demanda empresarial nunca antes conocida. Algunos problemas empresariales son de tal escala y complejidad que resultarían abrumadores para los equipos legales tradicionales. La IA también puede utilizarse para hacer realidad servicios que anteriormente eran imposibles de asumir o que no generaban el valor suficiente.  

El DoNotPay de Joshua Browder, descrito como el primer abogado robot del mundo, hizo explotar la demanda de atractivas multas de aparcamiento sin resolver. El producto DoNotPay anuló 160 000 multas en Londres y Nueva York en 21 meses y ahora se enfrenta a múltiples problemas legales. 

 

Los humanos estimulan la IA

Este salto a la nueva era tecnológica no es tan abrumador como muchos esperan. La IA lleva mucho más tiempo entre nosotros de lo que piensa la mayoría, aunque quizás bajo un disfraz más rudimentario que el de hoy. Aunque tradicionalmente no se reconociesen como IA, muchos de estos productos tecnológicos se encuentran bajo su paraguas. 

El el sector legal, la revisión de documentos a gran escala a menudo se incluye dentro de la categoría de IA, como una tarea tecnológica que anteriormente solían asumir las personas.  

Estos productos no son esencialmente IA en el sentido de que no aprenden y piensan por sí mismos. La práctica privada y los equipos de servicios legales internos todavía no le están sacando el máximo partido al aprendizaje automático. 

Lo que sí vemos son sistemas expertos que aplican reglas y conocimiento. No se trata de productos que funcionen de forma aislada, ya que normalmente necesitan de un ingeniero especializado o de un equivalente para crear reglas que después se apliquen al sistema. 

Por ejemplo, la automatización de documentos agiliza la producción de archivos, basada en las reglas aplicadas por expertos que las elaboran para esa situación en concreto. En este caso, la intervención humana es totalmente necesaria.    

Transformación de los procesos legales

Lo revolucionador de esta tecnología es que permite a los abogados percibir el trabajo como un proceso y no como una obra artística, ya que deja de ser algo que necesita ser continuamente creado desde cero. Ahí reside el verdadero cambio. 

Estos procesos basados en el conocimiento traen consigo obvias ventajas, como que todos pueden aplicar el mismo conocimiento y de la misma forma. Básicamente, también permiten que los departamentos legales utilicen más recursos de personal en formación para tareas que antes llevaba a cabo un personal más experimentado con recursos más costosos. 

Por ejemplo, la práctica privada ahora permite hacer uso de auxiliares jurídicos para tramitar los procesos judiciales laborales en vez de abogados en formación, a sabiendas de que le sucederá un proceso llevado a cabo por especialistas legales experimentados. En este tipo de áreas, los abogados externos tienen más posibilidades de ofrecer modelos de precios fijos al saber perfectamente cuál será el margen de beneficios, lo que a su vez, también beneficia al cliente.  

Además, la IA también puede utilizarse para ofrecer una visión temprana de los datos, lo que permite a las empresas averiguar la participación y el precio de forma precisa. Los menús de precios fijos están mejorando a la velocidad del rayo y los profesionales con experiencia ya no están sobrecargados con tareas repetitivas. Nunca antes había sido tan sencillo alejarse de la facturación.
 
Estos cambios se pueden aplicar también a los equipos legales internos que cada vez se ven más presionados, sobre todo con el aumento de las obligaciones reglamentarias en la última década. Ahora la empresa puede responder rápidamente a las preguntas rutinarias y así, los abogados internos pueden centrarse en temas más complejos o que generan más valor.

Sin embargo, para muchos abogados internos, la frase de la sala de juntas sigue siendo: "la ley no es el objeto principal". En ausencia de recursos considerables por parte de I+D para los servicios legales, los equipos internos cada vez trabajan más en conjunto con los bufetes de abogados para desarrollar tecnología de IA y aplicar tales lecciones a la práctica diaria. Ahora hay más posibilidades de desarrollar plataformas compartidas para crear asesores jurídicos externos e internos más integrados. 

Prediciendo el futuro

La IA supone más oportunidades para capturar datos importantes, analizar operaciones empresariales y conocer dónde radican los puntos más débiles. Por ejemplo, la IA fue capaz de valorar demandas de empleados, lo cual muestra que ciertas áreas de un negocio tienen problemas con la discriminación. Permite a los departamentos jurídicos resolver problemas que nunca se habían resuelto antes. 

La IA ya está influyendo en el análisis de casos pasados, resoluciones judiciales y patrones, lo cual nos ofrece una orientación sobre los casos actuales y futuros. En octubre de 2017, una competición llevada a cabo entre IA y abogados humanos resultó en victoria para la primera. Los abogados tuvieron una semana para predecir si las reclamaciones de seguros de protección de pagos (PPI, por sus siglas en inglés) serían apoyadas o rechazadas por el Servicio del Ombudsman Financiero. Los abogados lograron una tasa de acierto del 62,3 %, mientras que el sistema CaseCrunch, un producto de IA, obtuvo una tasa de acierto del 86,6 %. En EE. UU., se ha desarrollado un algoritmo para predecir las decisiones del Tribunal Supremo, lo que demuestra que la IA ya forma parte del entorno legal. 

Puesta en práctica con éxito

Si la IA se va a convertir en un componente integral del proceso de los asuntos legales, ¿cómo deben las empresas y los negocios ponerla en práctica para que tenga éxito? Existe el peligro que sea tratada como un producto de solución mágica que entregue al instante el resultado rápido y deseado.  

Los usuarios de IA deben pensar detenidamente sobre los problemas que requieren solución y a continuación, cómo se puede aplicar la tecnología para superar este reto. La tecnología necesita ser educada y entrenada para entender cómo un negocio hace las cosas y qué es importante para la organización. La tecnología de IA es ahora mucho más configurable que antes y por lo general, los productos se pueden integrar con otras herramientas clave. Los desarrolladores están ofreciendo sus plataformas y APIS para permitir que esto suceda.  

La participación humana seguirá siendo primordial para la implantación del producto, pero también para analizar lo que se entrega, para entender dónde están los datos y qué conclusiones se pueden sacar de tales resultados. Los abogados y otros especialistas jugarán un papel esencial a la hora de analizar los números y la información para identificar las ideas más importantes y los errores potenciales en los datos. 

Es el momento idóneo y contamos con la inversión monetaria y humana necesaria para optimizar el rendimiento de la inteligencia artificial. No podemos sobrestimar lo que pueden hacer estas tecnologías, pero tampoco podemos asumir que se implantarán sin presentar un desafío. PM

 

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