Incentivar la innovación en las ciencias de la salud requiere una mezcla de soluciones

Análisis Out-Law | 05 Nov 2020 | 1:14 pm | 10 min. de lectura

Los incentivos para invertir en la investigación y el desarrollo de las ciencias de la salud deben adaptarse a la naturaleza específica de la innovación que se espere obtener mediante esa inversión.

Desde la exploración de posibles nuevos tratamientos para enfermedad raras, hasta la identificación de segundos usos médicos de productos que ya se consideran seguros y eficaces para su uso en seres humanos o mejoras en las dosis y mecanismos de administración de los tratamientos, las empresas de ciencias de la salud están en el centro de los avances de la medicina.

El papel específico que puede desempeñar la regulación de los medicamentos para incentivar la innovación en las ciencias de la salud se analizó en un reciente seminario online organizado por Pinsent Masons, el bufete de abogados que está detrás de Out-Law, en el que los ponentes invitados fueron Sarah Garnet, directora en funciones del programas de productos de salud y farmacéuticos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa, y Constance Vercambre-Lallia, directora de litigios de exclusividad en Novartis.

Hubo consenso en el grupo de expertos en que un enfoque único sobre los incentivos no es realista, sino que más bien es necesaria una visión global de los incentivos previstos en el sistema regulatorio de las ciencias de la salud, el régimen de propiedad intelectual y el marco de fijación de precios y reembolsos, para garantizar que la innovación de todo tipo en este sector se incentive de manera adecuada.

Las tensiones existentes

Hay que encontrar un equilibrio al considerar cómo incentivar la innovación en las ciencias de la salud.

Por una parte, los innovadores suelen dedicar grandes cantidades de tiempo, dinero y otros recursos a la investigación y desarrollo, a menudo sin ningún grado de certeza sobre el éxito de los proyectos o los benéficos comerciales que podrían obtener. Algunos proyectos fracasan por completo y, en otros casos, los rivales desarrollarán y lanzarán sus productos más rápidamente y lograrán una ventaja en el mercado. Esto significa que el marco para fomentar la inversión en ciencias de la salud debe ofrecer suficientes recompensas para permitir dicha inversión.

Por otra parte, la competitividad en los mercados está ampliamente reconocida como saludable para impulsar la innovación. Permitir a las empresas largos períodos de exclusividad para vender sus productos puede, en algunas circunstancias, disuadir a otros de explorar posibles mejoras de esos productos que, en última instancia, podrían beneficiar a los pacientes. Esto puede dar lugar a precios más altos en ausencia de una competencia que puede ejercer presión sobre los presupuestos de salud pública que ya están bajo presión.

En muchos aspectos, el marco de propiedad intelectual (PI) y el régimen regulatorio existentes han servido para equilibrar estos factores en competencia.

En Europa, los derechos sobre una patente aplican durante un máximo de 20 años y las empresas de ciencias de la salud pueden solicitar Certificados Complementarios de Protección ("CCP") para ampliar sus derechos sobre los productos hasta un máximo de cinco años adicionales, una medida que reconoce que los titulares de patentes farmacéuticas pueden tardar años en poder comercializar sus derechos bajo esas patentes debido al tiempo que lleva desarrollar las innovaciones patentadas inicialmente para convertirlas en productos finales mediante rondas de ensayos clínicos, a fin de demostrar a los legisladores que los productos son seguros y eficaces.

Es posible que los derechos de propiedad intelectual no proporcionen ningún incentivo o incentivo suficiente en todos los casos. Por ejemplo, si la innovación no se considera novedosa o inventiva a efectos de ser patentada, o cuando las circunstancias son tales que en un área terapéutica determinada el régimen de propiedad intelectual podría no dar una respuesta completa. Sin embargo, existe un cruce entre el régimen de propiedad intelectual y el marco regulatorio que también recompensa alguna actividad innovadora que beneficia a los pacientes.

Los creadores podrán disfrutar de protección regulatoria por un período de ocho años, de modo que los datos de los ensayos clínicos en los que el creador se basa para obtener una autorización de comercialización no pueden ser utilizados por un fabricante rival para obtener su propia autorización de comercialización. También existe una protección de comercialización durante dos años más que permite a los fabricantes de genéricos presentar una solicitud de autorización de comercialización, pero les prohíbe su lanzamiento.

Los medicamentos designados como huérfanos, los destinados a enfermedades muy raras, se beneficiarán de un período de 10 años de exclusividad de mercado, y se pueden obtener extensiones pediátricas cuando las empresas hayan emprendido exámenes para investigar los beneficios y riesgos de los medicamentos en los pacientes pediátricos, para prolongar los períodos de exclusividad de los CCPs por seis meses o los medicamentos huérfanos por dos años.

Preocupaciones sobre el sistema actual

Una de las preocupaciones expresadas sobre el actual sistema de incentivos en las ciencias de la salud es la potencial "sobrecompensación", es decir, la idea de que las compensaciones de que disponen las empresas por algunos tipos de actividad innovadora son desproporcionadas en relación con el nivel de riesgo que asumen con sus inversiones en proyectos.

Sin embargo, sólo el 28% de los productos aprobados en el marco del régimen de medicamentos huérfanos están destinados a enfermedades para las que no existen tratamientos alternativos.

En nuestro seminario, Sarah Garner, de la OMS, declaró que las exclusivas disponibles para las indicaciones secundarias para los productos pueden ofrecer a las compañías la posibilidad de cobrar precios elevados por los productos que les permitan obtener rendimientos muy superiores a los costes en que incurren en la investigación y el desarrollo, y las pruebas clínicas.

Sin embargo, Constance Vercambre-Lallia, de Novartis, replicó que, en la mayoría de las ocasiones, las exclusivas regulatorias van en paralelo a las exclusivas de las patentes y, por lo tanto, no suponen incentivos adicionales.

Algunas de las discusiones durante el seminario se centraron en la eficacia del régimen de medicamentos huérfanos de la UE. La Comisión Europea se encuentra actualmente en el proceso de revisar el Reglamento sobre medicamentos huérfanos y el Reglamento sobre medicamentos pediátricos y de considerar la eficacia de ambos instrumentos para incentivar a las empresas a llevar al mercado productos para las enfermedades raras y los pacientes pediátricos. La Comisión publicó recientemente un documento de trabajo que contiene su evaluación.

El informe de la Comisión ha puesto de relieve las áreas en que el marco de las medicinas huérfanas ha funcionado bien, y otras en que no lo ha hecho. Por ejemplo, en 2017, 142 medicamentos huérfanos únicos habían recibido una autorización de comercialización europea para 107 indicaciones huérfanas y, en el mejor de los casos, estos productos habían ayudado a satisfacer las necesidades de hasta 6,3 millones de pacientes de la UE de los 35 millones de personas que padecen enfermedades raras en la UE. Se calcula que el efecto real de la exclusividad de mercado derivada del régimen de medicamentos huérfanos es un período de protección adicional de una media de 3,4 años, y el valor de este incentivo se estima en el 30% de los ingresos procedentes de las ventas de medicamentos huérfanos.

Sin embargo, sólo el 28% de los productos aprobados en el marco del régimen de medicamentos huérfanos están destinados a enfermedades para las que no existen tratamientos alternativos. El análisis de los productos aprobados indica que el Reglamento sobre medicamentos huérfanos está perdiendo eficacia a la hora de dirigir la investigación a áreas en las que todavía no hay tratamientos y que el desarrollo de productos tiende a agruparse en torno a ciertas áreas terapéuticas más rentables, como los productos para cánceres raros que también pueden ser de aplicación para el tratamiento de otros cánceres que tienen un mayor potencial de beneficio.

La Comisión señaló que la exclusividad de mercado concedida a los medicamentos huérfanos ha contribuido a aumentar la rentabilidad de esos productos en el 73% de los casos, si bien se ha producido una sobrecompensación en el 14% de los casos en que los medicamentos huérfanos tienen una facturación anual superior a 100 millones de euros en el EEE.

Es un cuadro mixto similar en lo que respecta a los medicamentos pediátricos según la Comisión. Aunque la Comisión opina que el Reglamento pediátrico ha cumplido alguno de sus objetivos, en lo que respecta al aumento de la investigación de alta calidad sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos en los niños, tal vez no haya alcanzado los objetivos en lo que respecta a otros, ya que sólo se han concedido seis autorizaciones de comercialización para uso pediátrico (ACUP) de los más de 200 nuevos medicamentos autorizados centralmente para su uso en niños hasta 2018.

Un enfoque más específico

El reto al que se enfrentan los encargados de adoptar políticas y decisiones, los financiadores, los legisladores, la industria y los grupos de pacientes es cómo se puede calibrar el sistema general de incentivos para fomentar de manera apropiada y proporcionada todos los tipos de innovación necesarios en el mundo de la medicina.

Los mismos incentivos que fomentarán el progreso en el mundo de la medicina personalizada no necesariamente van a funcionar para apoyar el desarrollo de nuevos tratamientos para las enfermedades raras, por ejemplo, y también se podría pensar que si las PYMES necesitan un apoyo adicional en comparación con las empresas farmacéuticas mundiales para hacer avanzar los proyectos innovadores - la Agencia Europea del Medicamento (EMA), entre otros, ya proporciona cierto apoyo a través de exenciones de tasas y reducciones para ciertos procedimientos regulatorios previos y posteriores a la autorización.

Ya existen algunos planes para ayudar a acelerar el proceso regulatorio de los nuevos medicamentos. El régimen de medicamentos prioritarios de la EMA (PRIME), por ejemplo, tiene por objeto incentivar el desarrollo de medicamentos que se dirigen a una necesidad médica no satisfecha, ya se trate de productos que proporcionan una ventaja terapéutica importante sobre las terapias existentes o que benefician a pacientes sin opciones de tratamiento. El régimen promete una evaluación y un asesoramiento científico acelerados que permitan un diálogo temprano entre el solicitante y el regulador para acelerar el acceso al mercado. Sin embargo, desde su introducción en 2016 hasta julio de 2020, sólo se han aceptado 70 productos en el plan, de un total de solicitudes superior a 300. Esto plantea interrogantes sobre si los obstáculos para obtener la condición de PRIME son demasiado elevados o si las exigencias de recursos de la EMA para hacer posible el plan son demasiado onerosas.

Otro área en la que se podrían explorar incentivos a medida es en relación con la amenaza que supone la resistencia a los antimicrobianos (RAM). La RAM es reconocida por los científicos como un problema creciente: las bacterias resistentes a múltiples fármacos hacen que los antimicrobianos existentes sean ineficaces. Si no se controla, este desarrollo supondrá un riesgo para la salud de la población mundial.

Sin embargo, como destacó Constance Vercambre-Lallia, de Novartis, el problema de desarrollar medicamentos antibióticos es que el potencial de mercado es limitado. La prescripción excesiva de antibióticos tiene el potencial de acelerar la evolución de las bacterias y hacer que los tratamientos sean ineficaces, por lo que los médicos controlan estrictamente su uso. Constance Vercambre-Lallia dijo que el sistema tradicional de exclusividad no compensa la restricción resultante en la venta de nuevos antibióticos, necesaria para tratar de minimizar el desarrollo de la resistencia.

Se podría considerar un sistema de incentivos más flexible de "push and pull", dijo Vercambre-Lallia, para reducir el coste de la I+D de nuevos medicamentos antibióticos en primer lugar y también ofrecer mayores incentivos para los productos que funcionan con éxito. El reto, que también se aplica actualmente en el contexto del desarrollo de los medicamentos necesarios para la pandemia de Covid-19, es cómo se hace un sistema de exclusividad para el desarrollo de medicamentos cuando no se sabe cuándo se van a necesitar o para qué problema médico, reconoció.

Sarah Garner, de la OMS, señaló que deben buscarse nuevos mecanismos de "push and pull", y considerar quién proporciona la inversión y en qué condiciones. Garner dijo que se debe evitar un sistema de precios más altos para los medicamentos pero de acceso más restringido a dichos medicamentos por parte de los pacientes. El debate sobre el incentivo a la innovación en las ciencias de la salud ha durado años, y Garner destacó como ejemplo las propuestas esbozadas en la estrategia mundial y el plan de acción de la OMS sobre la salud, la innovación y la propiedad intelectual, que se publicó en 2014. Indicó que si bien había consenso sobre el problema, el apoyo a los proyectos piloto de financiación de las iniciativas de "pull" se había desvanecido. Dijo que había llegado el momento de volver a examinar la cuestión de la financiación para el desarrollo de nuevos medicamentos.

Como en muchas otras industrias, la colaboración será importante. Garner destacó la oportunidad de aprovechar las colaboraciones exitosas en todo el sector de las ciencias de la salud durante la pandemia de Covid-19 para trabajar en pro de una solución a largo plazo a la cuestión de mejorar el acceso de los pacientes a los nuevos medicamentos. La Oficina Regional de la OMS para Europa ha ayudado a desarrollar una nueva iniciativa, lanzada en septiembre, destinada a reunir a los interesados de todo el continente para que compartan ideas sobre el tema.

Por su parte, la pandemia ha demostrado que los organismos reguladores están dispuestos a avanzar con los tiempos y a adoptar un enfoque flexible y rápido para satisfacer las necesidades de salud pública. A largo plazo, no es realista ni deseable pensar que el sistema regulatorio podría construirse en torno a autorizaciones de uso de emergencia o enfoques similares como norma para todos los posibles nuevos tratamientos, pero cuando llegue el momento oportuno debería haber un período de reflexión de los encargados de proponer políticas y los reguladores sobre qué flexibilidades permitidas durante la pandemia pueden conservarse en beneficio tanto de la industria como de los pacientes.

El debate sobre los cambios en el régimen de incentivos existente deberá tener en cuenta los cambios en el sistema de descubrimiento y desarrollo de medicamentos que veremos a medida que la tecnología y el poder de los datos sigan avanzando. Hay un argumento para decir que la innovación en esta esfera debería incentivarse por sí misma, dados los beneficios potenciales que podría aportar a la atención de la salud, pero también existe la opinión de que las fuerzas del mercado impulsarán la innovación sin intervención del regulador y que el ritmo del cambio sería demasiado rápido como para que el sistema regulatorio pudiera mantenerse al día en cualquier caso.

En general, el sistema regulatorio de incentivos no puede considerarse de forma aislada. Se requiere una visión global de lo que se necesita y dónde, qué es un incentivo justo por los riesgos asumidos y las inversiones realizadas, y quién debe pagar en última instancia por el desarrollo de nuevos tratamientos.