La pandemia podría estimular colaboraciones concretas en las ciencias de la salud

Análisis Out-Law | 30 Oct 2020 | 12:00 am | 8 min. de lectura

El deseo y la voluntad de compartir conocimiento, información, datos y tecnología con otros podría ayudar a las compañías cuya actividad está estrechamente relacionada con las ciencias de la salud a descubrir nuevos tratamientos, mecanismos de administración o regímenes de dosificación, inspirándose en la colaboración surgida en el sector durante la crisis del coronavirus.

La flexibilización de las normas de competencia y la flexibilidad mostrada por los reguladores ha ayudado a las compañías farmacéuticas y fabricantes de dispositivos médicos que compiten directamente entre sí a cooperar para superar los problemas que amenazaron la seguridad del suministro de medicamentos y equipos vitales durante la pandemia de Covid-19. Actualmente los competidores siguen colaborando para hacer frente al riesgo de la cadena de suministro con el objetivo común de combatir la emergencia de salud pública y protegerse de los riesgos ante la segunda ola del virus.

Sin embargo, existen oportunidades en el sector para establecer otras colaboraciones duraderas más allá de las que se formaron dentro del prisma de las preocupaciones de seguridad de suministro y "hacer lo correcto" por parte de la sociedad.

Colaboración en tiempos de crisis

La naturaleza global de las cadenas de suministro en el ámbito de las ciencias de la salud está directamente relacionada con el suministro o abastecimiento de ingredientes farmacéuticos activos (APIs) y otras materias primas. Medicamentos envasados o dispositivos médicos y otros equipos pueden verse afectados por tensiones geopolíticas, desastres naturales u otros factores. Por ello, en tiempos "normales" muchos países tienen entre tres y seis meses de suministros médicos para protegerse de las posibles amenazas o riesgos al futuro suministro de medicamentos y equipos médicos vitales.

La pandemia del Covid-19 es posiblemente el evento más extremo y duradero que ha amenazado, de forma prolongada, la seguridad de suministro de medicamentos y equipos médicos desde la Segunda Guerra Mundial. A medida que el virus se propagó desde China hacia Europa y más allá, se produjo un aumento sin precedentes en la demanda de los medicamentos en las unidades de cuidado intensivo (UCI), tales como anestésicos y relajantes musculares, así como equipos de protección individual (EPI) para trabajadores sanitarios y de asistencia social, así como de respiradores. Los niveles de existencias se agotaron de forma rápida, surgiendo la pronta necesidad de producir más, impulsando la colaboración de compañías tradicionales de las ciencias de la salud con otras compañías que reorientaron sus líneas de producción.

Asimismo, la industria tuvo que superar las restricciones de movimiento y otros problemas logísticos, además de las medidas proteccionistas y restrictivas a la exportación en algunos Estados, para garantizar que los hospitales faltos de recursos contaran con ellos. Para ello es necesaria la cooperación.

El derecho de la competencia es un obstáculo común para que las empresas rivales trabajen en estrecha colaboración para escindir los mercados y compartir información sensible entre ellos, pero las autoridades de competencia europeas respondieron de forma rápida a las solicitudes de aclaración y comodidad en relación con las normas para garantizar que las compañías puedan combatir la emergencia de salud pública mediante una estrecha cooperación sin temor a sanciones posteriores.

Andrew Webb, abogado general del Reino Unido e Irlanda y jefe de fusiones y adquisiciones para Europa en Accord Healthcare, dijo: "Los mayores cambios que he visto son la forma en la que la industria ha trabajado conjuntamente, a través de organismos como Medicines For Europe y en comunicación con autoridades regulatorias como la Comisión Europea y la Agencia Europea de Medicamentos, para hacer lo mejor para los pacientes del continente."

Medicines For Europe, asociación que representa a los fabricantes de medicamentos genéricos y biosimilares, trabajó con la Comisión Europea para obtener la llamada "carta de compatibilidad". Esto permitió a las empresas dispuestas a participar en el esfuerzo coordinado de proporcionar datos sensibles desde el punto de vista comercial, a través de un consultor independiente, con el fin de apoyar el programa de modelización de la demanda y la oferta de medicamentos de la UCI, sin temor a ser perseguidos por la Comisión o autoridades nacionales de la competencia por infringir las normas de competencia, siempre que la actividad se lleve a cabo dentro de parámetros estrictos.

Webb declaró: "Medicines For Europe, junto con otros interesados clave, ha reconocido la necesidad y los beneficios de trabajar juntos, ya que si no lo que habríamos visto habrían sido países que actuaban de forma individual. Podríamos haber visto un país almacenando más de lo que necesitaba, haciendo que otro país se quedara sin existencias de medicamentos críticos. La forma en la que la industria se unió para ayudar a impedir que eso sucediera, por ejemplo, al trazar un mapa de la oferta y la demanda y poder decir "país X, ya no necesitas más", fue positivo durante la pandemia y ayudó a garantizar que los pacientes tuvieran acceso a medicamentos vitales durante una situación de crisis."

De cara al futuro, la pandemia ha puesto de relieve la necesidad de que el continente trabaje con carácter prioritario en la resistencia de la cadena de suministro, el acceso a la fabricación local, mantenimiento de las reservas locales y garantía de un suministro ininterrumpido de medicamentos esenciales. La colaboración puede ayudar en este sentido.

Otro ejemplo de actividades de colaboración durante la pandemia es la asociación de Accord Healthcare con Sterling Pharma Solutions, que tiene su sede en Northumberland, en el noreste de Inglaterra, con el fin de salvaguardar su acceso y el del Reino Unido a los principios activos que habitualmente obtiene de otros lugares, para ayudarle a fabricar hidroxicloroquina, un fármaco que se está probando por su potencial para ayudar a prevenir o tratar algunos de los síntomas del Covid-19.

"Estamos apoyando el estudio clínico internacional más grande, COPCOV, que está inscribiendo a más de 40.000 trabajadores sanitarios de primera línea en decenas de países de todo el mundo y estudiará el uso de la hidroxicloroquina para la prevención del Covid-19", dijo Webb. "Eso es algo que estamos apoyando con una donación de más de dos millones de tabletas de hidroxicloroquina y un placebo equivalente. Si se demuestra que estos medicamentos de nueva utilización tienen un efecto positivo, entonces se podrían distribuir a los profesionales sanitarios de todo el mundo rápidamente y a un coste relativamente bajo."

Competencia y colaboración

La colaboración en las ciencias de la salud es anterior a la crisis del coronavirus. Durante años, muchas empresas farmacéuticas han trabajado conjuntamente con universidades en determinados proyectos de investigación. Asimismo, es común que las empresas trabajen con otras del mismo sector en el desarrollo de tratamientos contra enfermedades raras.

El derecho de la competencia seguirá siendo un factor relevante para determinar el alcance de una colaboración adecuada en el futuro. Robert Vidal, socio de Pinsent Masons, especializado en derecho de la competencia y ciencias de la salud, declaró que, en el Reino Unido, es consciente de los esfuerzos de los innovadores por conseguir una opinión poco común de la Autoridad de Competencia y Mercados (CMA) para darles la posibilidad de aunar recursos para desarrollar mejores terapias. Vidal dijo: "Es probable que veamos a las autoridades de la competencia retirarse de algunas de las relajaciones en la colaboración entre competidores. No obstante lo anterior, siempre habrá espacio para la colaboración cuando el objetivo sea beneficiar a los consumidores, siempre que se adopten las precauciones adecuadas. Por ejemplo, el intercambio de información siempre requerirá una cuidadosa gestión."

Robert Marquilles, director del departamento legal de Accord Healthcare para Europa, dijo que aunque la industria se beneficiaría de una mayor cooperación política entre los gobiernos para estimular la innovación, y que las intervenciones específicas pueden ayudar a incentivar a las empresas a desarrollar nuevos medicamentos para las enfermedades raras, en la mayoría de los casos dejar a las empresas de las ciencias de la salud solas para que compitan de forma natural en el mercado es la mejor manera de ofrecer nuevos productos innovadores.

"Para fomentar la innovación, creo que lo mejor es permitir que las empresas compitan en la medida de lo posible", dijo Marquilles. "Cuanto menor sea la intervención [de los gobiernos y reguladores] mejor, creo".

Colaboraciones específicas pueden aportar innovaciones significativas

Si bien es comprensible que gran parte de la atención y los esfuerzos coordinados de las ciencias de la salud se centren actualmente en una vacuna contra el Covid-19 o en la investigación de las posibilidades de que los tratamientos existentes se vuelvan a utilizar para aliviar con seguridad los síntomas del virus, los modelos de colaboración también pueden ayudar a las empresas a introducir mejoras menos glamurosas, pero no por ello menos significativas, en los medicamentos y los dispositivos médicos en beneficio de los pacientes.

Catherine Drew, especialista en ciencias de la salud de Pinsent Masons, declaró: "Es tentador centrarse en el descubrimiento de nuevas terapias de gran éxito cuando se piensa en innovar en las ciencias de la salud, pero el concepto de innovación es mucho más amplio que eso y, aunque a menudo atrae un perfil más bajo, puede dar resultados positivos. Cabe señalar que, por ejemplo, en la búsqueda de un tratamiento para el Covid-19, muchos fabricantes, investigadores y reguladores están explorando el potencial de las terapias existentes, a veces muy antiguas. La colaboración en este ámbito – en la readaptación de los medicamentos existentes – podría ayudar realmente a aprovechar al máximo los medicamentos existentes y la inversión que se hizo en ellos para desarrollarlos originalmente".

En el sector de la biotecnología, la tecnología avanza tan rápidamente que puede tener sentido que dos o más empresas del mercado trabajen juntas, señaló Beverley Carr, directora de negocios de Achilles Therapeutics, una empresa de terapia celular que desarrolla productos para ayudar a tratar el cáncer.

Según Carr, los biotecnólogos tendrían que asociarse tradicionalmente con las grandes farmacéuticas para ayudarles a desarrollar nuevos productos. Ese modelo de colaboración sigue siendo una parte importante de la estrategia de colaboración de Achilles Therapeutics "porque ese tipo de acuerdos pueden fomentar el avance de la empresa de manera significativa, tanto desde el punto de vista financiero como de capacidades" señaló Carr. Sin embargo, Carr declaró que la emergencia de compañías como Iovance ha demostrado que los biotecnólogos pueden operar sin la ayuda de las grandes farmacéuticas y "salir al mercado con un producto de terapia celular personalizado".

A principios de este año, Achilles Therapeutics entró en colaboración con otra empresa biotecnológica, Ori Biotech. La colaboración explorará como la tecnología de Ori puede ayudar a Achilles Therapeutics a mejorar la eficiencia del proceso de fabricación de la terapia celular, así como mejorar la eficacia de las propias células.

"La terapia celular es un ámbito de investigación que se mueve tan rápidamente y que evoluciona tanto que hay muchas empresas desarrollando tecnologías que complementan lo que hacemos", declaró Carr. "Hay un número de compañías con las que estamos explorando opciones de colaboración. Eso, creo, es un cambio en el modelo biotecnológico comparado con lo que se habría visto hace cinco o diez años. Empiezas a ver a las empresas de biotecnología colaborando con sus análogas mucho más, y esto puede resultar en un mejor producto."

Sin embargo, la superación de las restricciones de acceso al dinero sigue siendo un desafío para los pequeños innovadores que esperan colaborar en el mercado de la biotecnología.

Carr señaló: "Con las colaboraciones entre las compañías biotecnológicas puede haber menos oportunidades de aportar grandes pagos en efectivo por adelantado y tendremos que ser creativos en cuanto a la forma de estructurar los acuerdos para reflejar las inversiones relativas realizadas y las contribuciones de valor de cada parte, asegurando al mismo tiempo que cada uno se sienta cómodo con el resultado."

En este sentido, según Carr, las inversiones en capital, las estructuras de JV y las opciones de co-desarrollo pueden ser cada vez más características de estos acuerdos para asegurar que la contribución de valor de cada parte sea reconocida y recompensada.

"Creo que cuantos más acuerdos de este tipo veamos, más se facilitará la colaboración y, el uso de tecnologías sinérgicas en conjunto" declaró Carr.