No son pocos los estudios académicos que tratan la diversidad en el lugar de trabajo.
Una encuesta realizada a 366 empresas públicas publicada por McKinsey en 2015, reveló que aquellos en el cuartil más alto en diversidad de género tenían un 15 % más de posibilidades de conseguir ganancias financieras que la media del sector.
Un estudio similar realizado por Credit Suisse reveló que, en una encuesta a 2400 negocios, aquellos que contaban con al menos una mujer en su junta directiva obtenían un mayor rendimiento sobre el capital, así como un mayor crecimiento de los ingresos netos.
A pesar de las aplastantes y crecientes evidencias en torno a este asunto, a muchas organizaciones les cuesta aún tratar el problema. El hecho de adoptar cambios potencialmente controvertidos con resultados inciertos a largo plazo puede resultar poco atractivo en comparación con el resto de actualizaciones trimestrales presentadas a los accionistas.
Aunque la promesa de oportunidades a largo plazo no parezca un incentivo suficiente para algunos, la sombra amenazadora de los riesgos a corto plazo podría cambiar las cosas.
La introducción de la evaluación de la diferencia salarial por género en el Reino Unido, aunque no directamente relacionada con promover la diversidad tanto como la igualdad, muestra una creciente voluntad por parte de los políticos para legislar el asunto.
Además, aquellos negocios con una deficiente diversidad de género también se enfrentan a las desventajas de una mala imagen corporativa, la incapacidad de responder a las expectativas de sus clientes y consumidores y problemas a la hora de atraer a graduados con potencial.
En un momento en el que el talento tiene acceso como nunca antes a la información sobre los posibles empleadores, una mala imagen corporativa puede hacer temblar más que nunca los recursos humanos de esta.